El aire acondicionado del estudio de la cadena Global News Network en Miami funcionaba a máxima potencia, pero para Camila Ríos, el ambiente se sentía como una caldera. Las luces halógenas, intensas y quirúrgicas, caían sobre ella como un interrogatorio de la Gestapo, resaltando cada poro de su piel y, esperaba ella, ninguna de sus dudas.Frente a ella, sentada con una postura que irradiaba una falsa empatía, estaba Valeria Cruz. Valeria era una leyenda del periodismo de investigación, conocida por ser la mujer que había derribado a tres senadores y un gobernador. Alexander le había advertido: "Valeria no busca la verdad, Camila; busca la sangre que alimenta el rating".Camila se ajustó el blazer color marfil. En su pecho, el prendedor de plata del Instituto Ríos brillaba con una luz obstinada. Había pasado las últimas seis horas con Alexander y Sterling ensayando respuestas, pero sabía que, en el momento en que la luz roja de la cámara se encendiera, estaría sola en la arena.—Tres,
Leer más