AlexandreEstaba tomado por una inquietud que no lograba nombrar. El sonido de la lluvia golpeando con fuerza los vidrios de mi auto no me detuvo. Los recuerdos de Jaqueline inundaban mi mente. Nuestro fin de semana, su risa ligera, la forma en que me miraba como si realmente me viera. Cuando me di cuenta, ya estaba casi frente al condominio.La lluvia me golpeó con violencia al salir del auto; mi ropa se empapó en segundos, pero seguí adelante como si no sintiera nada. Mi corazón latía con fuerza, cargado de expectativa. El momento en que un grupo cruzó la portería fue perfecto para que yo pudiera entrar.Cuando la puerta del departamento se abrió y vi a Jaqueline, todo hizo sentido. Estaba allí, tan hermosa y tan serena, y eso bastaba. La observé en silencio, intentando absorber cada detalle, cada rasgo. Era como si hubiera estado ausente por mucho tiempo. Tomado por la urgencia, la besé. Había deseo, pero también añoranza, alivio y verdad entre nosotros. Su olor era reconfortante,
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