Jaqueline
Sentí que mis rodillas fraqueaban, mis manos apretando el tejido mojado de su camisa. El frío de la lluvia aún estaba en su piel. El calor de mi abrazo contrastaba con la tormenta helada allá afuera. Era como si aquel beso fuera la única forma que él encontró para no desmoronarse de vez. Yo lo recibí, sin preguntas y sin dudar. En ese momento, no necesitaba dar explicaciones; necesitaba de mí, y yo estaba allí.
El beso terminó poco a poco. Alexandre aún me sostenía, con el rostro apoy