Alexandre
Me recosté en mi escritorio, con la mirada perdida en el horizonte de la ciudad a través de los amplios ventanales de mi oficina. En mi mente, una sola imagen se repetía una y otra vez: la de Jaqueline. Con el cabello suelto, recostada sobre mi pecho, su sonrisa y la forma en que acariciaba mi cabello.
Cada vez que pensaba en ella, sentía algo distinto dentro de mí. Algo ligero, casi desconocido, como si una armadura silenciosa finalmente empezara a desmoronarse. La manera en que me r