JaquelineMientras cenábamos, me sentía sorprendentemente a gusto, casi como si estuviera en casa, o en un lugar donde, por primera vez en mucho tiempo, realmente quería estar. Había algo mágico en nuestra noche, algo íntimo y ligero en el aire. El aroma acogedor de la comida italiana, el sonido tranquilo de nuestras risas y, sobre todo, estar allí con Alexandre sin barreras profesionales ni sociales.La conversación fluía con una naturalidad encantadora, como si siempre nos hubiéramos conhecido, como si no existiera prisa ni máscaras. Conocí otro lado de Alexandre, más liviano, casi despreocupado, con una sonrisa fácil en los labios y una mirada que se detenía en la mía con interés genuino. La suavidad de la noche abrió espacio para que yo hablara de mí y de mi familia. Especialmente de mi padre, el hombre que más admiro en el mundo. Alexandre me escuchaba con atención y sin interrumpir, como si cada palabra importara.Terminé confesando mi simple deseo de tener un gato. Un sueño pequ
Ler mais