Jaqueline
Mi entrega a Alexandre fue una explosión de sensaciones arrolladoras. Desde el primer roce, mi cuerpo respondió como si hubiera esperado por eso toda la vida. Fue mejor que nuestra primera vez. Los escalofríos me tomaron por completo cuando sentí sus manos, grandes y seguras, deslizarse por debajo de mi camisa, despertando en mí un deseo incontrolable. El beso, intenso y dominante, no dejó espacio para dudas. Alexandre sabía lo que quería, y yo también.
En aquel instante me permití ol