Alexandre
Al oír el nombre *Marcela Mancini*, sentí la sangre helar en mis venas. No era una sorpresa. Mi intuición ya me avisaba que ese reencuentro sería inevitable. Aun así, escuchar el nombre de mi madre sonó como una convocatoria a un campo de batalla. La herida en mi pecho, incómoda y pulsante, tenía raíces profundas en mi infancia. En el abandono que sentí justo cuando más la necesitaba. Un abandono silencioso pero brutal, que nunca conseguí digerir, mucho menos perdonar.
—No puedo borra