JaquelineSeguí mirando al bebé, un gordito de unos tres meses, con las mejillas rosadas y los ojitos curiosos. Estaba adorable, y el sonido suave de su pequeño balbuceo me hizo sonreír todavía más.Me acerqué despacio, sonriendo:—Hola… ¿puedo ayudarte? —pregunté con voz suave.Ella levantó la mirada. Tenía los ojos claros, hermosos, pero marcados por profundas ojeras. Me devolvió la sonrisa, un poco tímida.—Ah… gracias… hoy no estoy pudiendo —respondió, riendo bajito, algo perdida entre el bolso y la cantidad de cosas del bebé.—Soy Jaqueline —me presenté, acercándome un poco más.La mujer volvió a alzar la vista, con el cansancio estampado en cada rasgo del rostro, pero me sonrió. Acomodaba al bebé, que se retorcía sobre el cambiador.—Mucho gusto. Me llamo Larissa, la mamá de este gordito, Gabriel. Perdona el desorden… lloró toda la noche… y, como siempre, mi marido decidió venir al club hoy.Había un tono de desahogo en su voz, una mezcla de irritación y resignación.—Para no pa
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