Edgar
El coche se detuvo frente a la galería y, al bajar, me acomodé la solapa del traje. El lugar estaba perfectamente iluminado y repleto de rostros conocidos. Apenas entré, me vi rodeado por viejos socios, algunos aliados de muchos años. Los saludé con firmeza, repartiendo sonrisas medidas. El cóctel ya había comenzado y los camareros se movían con agilidad entre los invitados.
Mi mirada recorría cada rincón, cada rostro, buscando una sola presencia. Caminé entre los cuadros, fingiendo inter