Jaqueline
Desperté despacio, sintiendo el peso suave de la manta y el silencio tranquilo de la habitación. Giré el rostro y vi a Alexandre, que dormía sereno a mi lado. Su pecho subía y bajaba en un ritmo apacible, los rasgos firmes. «Qué lindo es… y es todo mío», pensé, sonriendo sin poder evitarlo.
Pero enseguida mi sonrisa se desvaneció cuando el recuerdo del video volvió a mi mente. Esa sensación amarga, de invasión, de vergüenza. Aunque la mayoría ya había sido retirada de la red, yo sabía