JaquelineEn el momento en que Alexandre salió, empecé a reflexionar sobre todo y, después de poner los filetes al horno, caminé por el penthouse. De pronto me vi sentada en la sala de TV, con los ojos llenos de lágrimas y el corazón cargado de dudas. Pero Alexandre, como siempre, me escuchó, me acogió y me dio la fuerza que necesitaba. Fue entonces, ya en la mesa del comedor, cuando decidí hacer un pedido. Alexandre me miraba con curiosidad. Tomé la copa de vino y la giré despacio, observando el líquido. El ambiente estaba ligero e íntimo. Era el momento perfecto.—Dime qué quieres, y lo haré, conejita.Reí y apoyé los codos sobre la mesa.—Quiero ofrecer una cena mañana, aquí en el penthouse. Para Malu —dije, entusiasmada—. Ya es hora de que tengas una conversación con tu hermana. Y… como voy a volver más temprano, puedo organizar todo con cariño.Se quedó en silencio unos segundos, mirándome con atención, hasta que esbozó una sonrisa lenta.—Pensé que ibas a pedir un regalo.—Pero
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