Jaqueline
En el momento en que Alexandre salió, empecé a reflexionar sobre todo y, después de poner los filetes al horno, caminé por el penthouse. De pronto me vi sentada en la sala de TV, con los ojos llenos de lágrimas y el corazón cargado de dudas. Pero Alexandre, como siempre, me escuchó, me acogió y me dio la fuerza que necesitaba.
Fue entonces, ya en la mesa del comedor, cuando decidí hacer un pedido. Alexandre me miraba con curiosidad. Tomé la copa de vino y la giré despacio, observando