JaquelineAlexandre arqueó la ceja y levantó mi mentón con la punta de los dedos, con una delicadeza que me desarmó por completo.—¿Qué está pasando, amor?Bajé un poco la cabeza e inventé una excusa:—Debe ser solo las hormonas —dije, intentando darle un tono ligero.—¿Hormonas, eh? —dijo, entrecerrando los ojos—. ¿O será que estás celosa de Leila?Tragué saliva. Me había dado de lleno.—Yo solo… no me gustó la forma en que me miró —confesé, medio fastidiada—. Fue como si me estuviera midiendo, analizándome, no sé.Él dibujó una sonrisa torcida, satisfecho con mi franqueza, pero sus ojos se volvieron serios, intensos, clavados en los míos como si quisiera meterse dentro de mí.—Entonces es eso… celos —murmuró, casi como saboreando la palabra—. Te confieso que me gusta verte así, ¿sabías?Rodé los ojos, molesta.—Alexandre, no juegues conmigo… estoy hablando en serio.Él soltó una risa baja, inclinándose hasta que su boca rozó la mía.—Yo también lo estoy, amor. Me encanta cuando te i
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