Jaqueline
Crucé los brazos y encaré a Julio César de frente, sin desviar la mirada. Él había dicho todo con un tono bastante calmado, pero cada palabra martillaba dentro de mí. Se acomodó en la silla, claramente afectado por lo que dije, pero no apartó los ojos.
—No, Jaqueline… no es eso. Jamás mancharía la memoria de mi madre. —Hizo una pausa, como si eligiera las palabras con cuidado—. Pero para hablar del pasado, no puedo fingir que ella era perfecta. Yo viví y sentí muchas cosas en esa casa