*—Dante:Sus brazos se apretaron alrededor del cuerpo de Ezra con fuerza temblorosa. Lo sintió más delgado, frágil entre sus manos, como si hubiera perdido parte de sí mismo durante aquellos días lejos de casa, y aquello le desgarró el alma. Sin embargo, estaba tibio, vivo, cálido contra su pecho. Dante lo sostuvo como si temiera que el mínimo descuido fuera a arrebatárselo otra vez, hundiendo más el rostro en su cuello y respirándolo una y otra vez, necesitando asegurarse de que no era una ilusión cruel fabricada por su mente agotada.Y entonces lloró una vez más.Lloró sin reservas, sin orgullo y sin importarle quién pudiera verlo. Las lágrimas brotaron calientes mientras su cuerpo temblaba alrededor del de Ezra. Lloraba de alivio, de alegría y de amor, pero también del miedo acumulado que llevaba devorándolo desde el secuestro. Lloraba por las noches interminables, por las pesadillas, por la impotencia de no saber dónde estaba su compañero ni qué podían estar haciéndole.Todo aquel
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