309

*—Ezra:

Ya estaba oscureciendo cuando la enorme puerta del almacén volvió a abrirse con un chirrido metálico que hizo que Ezra se tensara de inmediato. Las horas habían pasado más lentas que cualquier otro día. Ezra y Sasha dormían a ratos, más por agotamiento que por comodidad. Ezra apenas tenía fuerzas, permanecer sentado todo el tiempo, con las muñecas atadas a la espalda y los tobillos sujetos a las patas de la silla, era la posición más insoportable que había soportado en su vida. Todo le
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