*—Dante:Nunca imaginó que una mordida ligera de un omega pudiera tener tal efecto en su cuerpo. Lo habían mordido antes, muchas veces, y jamás había perdido la cabeza por ello, pero que Ezra hundiera los dientes en su cuello desató algo crudo, carnal, un deseo tan violento que le nubló el juicio en cuestión de segundos.Dante estampó su boca contra la de Ezra buscando alivio, devorándolo más que besándolo, reclamando espacio, aire y dominio. El chico respondió de inmediato, aferrándose a su chaqueta, apretándose contra su torso, empujando las caderas para que sus pelvis chocaran con fricción insistente mientras su lengua se movía con hambre contra la suya. No había suavidad; había urgencia, desafío, una chispa que se alimentaba del orgullo de ambos.Quería mantenerse cuerdo, avanzar con paciencia, marcar el ritmo como el alfa que era, pero Ezra había cruzado una línea invisible con esa mordida, y por mucho que su mente intentara sostener el control, su cuerpo ya había decidido por él
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