El convoy se detuvo a cinco kilómetros del Instituto, en una explanada de gravilla al borde del bosque. La noche era profunda, sin luna, y el frío había afilado sus garras. Packer descendió de su SUV, abrigado con una chaquetón de lujo sin marca, y se estiró como si estuviera a punto de dar un paseo por su finca. A su lado estaba su "técnico de confianza", un hombre delgado con gafas y una maleta de equipos de aleación. Y, por supuesto, cuatro guardias de seguridad más, armados, profesionales, con ojos que escudriñaban la oscuridad.Yo era el guía. Lena me había dado coordenadas precisas para un punto de encuentro, antes del claro de la roca.—Ella quiere que usted vaya solo desde el último punto —dije, dirigiéndome a Packer—. Conmigo. Dice que demasiadas firmas energéticas extrañas pueden desestabilizar el entorno.Packer miró a su jefe de seguridad, un hombre con el cuello ancho llamado Roshenko, quien negó con la cabeza lentamente.—Eso no va a pasar —dijo Roshenko—. Yo voy con ust
Leer más