Capítulo 39El peso de una decisiónGrayson estaba solo en su oficina, el aire impregnado de la cálida luz ámbar de la lámpara de escritorio. Las cortinas estaban entreabiertas, dejando entrar los últimos destellos plateados del crepúsculo. Afuera, el murmullo nocturno de Lagos era suave, pero en esa habitación solo había un silencio profundo, denso, que le oprimía el pecho como una carga de la que no podía librarse.La noticia resonaba en sus oídos como un eco sordo e inquietante.Vivian necesitaba un trasplante de riñón.Su Vivian.La mujer que se acurrucaba en su pecho al final de un largo día, que le contaba sus sueños en la oscuridad. La mujer que había perdido no porque no lo amara, sino porque él se había perdido a sí mismo. Y ahora, allí, en una cama de hospital, inmóvil y silenciosa, su vida pendía de un hilo. Cinco días. Eso había dicho el médico. Cinco días, a menos que encontraran un donante compatible.Él era compatible. Grayson se recostó en el sillón de cuero, con los
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