La clínica estaba rodeada por una discreta presencia policial cuando Valeria llegó. Los escoltas descendieron primero, revisaron la entrada y la acompañaron hasta el vestíbulo. Ella intentó no pensar en Elías observando la carretera desde Hacienda Renacer, contando los minutos y revisando el teléfono cada vez que un vehículo se aproximara a la propiedad. Le envió un mensaje apenas cruzó la recepción: «Ya llegué. Estoy bien». La respuesta apareció de inmediato: «No te alejes de los escoltas».Mauricio la esperaba en el corredor de cuidados intensivos. Tenía la camisa arrugada, el cabello desordenado y los ojos enrojecidos, pero algo había cambiado en él. Por primera vez desde el atentado, no parecía un hombre preparándose para recibir una tragedia. Cuando vio a Valeria, caminó hacia ella y la abrazó con tanta fuerza que ambos perdieron cualquier intento de contener las lágrimas.—Volvió —dijo Mauricio contra su cabello—. Solo fueron unos minutos, pero volvió.—Sabía que lo haría.—Yo t
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