Capítulo 130: La Máscara PerfectaLa palabra «Olivia» en los labios de Alexander, cargada de esa urgencia apenas contenida, se quedó suspendida en el aire tóxico del ático. Fue el detonante que reactivó en ella un instinto más profundo que el dolor, más antiguo que la traición: el instinto de supervivencia.Isabella los observaba, una esfinge con una bata de seda lavanda, esperando la grieta, la explosión, el derrumbe de la fachada perfecta del «poderoso matrimonio Vance». Esperaba que Olivia gritara, que Alexander se defendiera con torpeza, que el teatro se viniera abajo entre acusaciones y lágrimas.Pero Olivia respiró hondo, y el aire que llenó sus pulmones no fue de pánico, sino de un frío glacial. Sintió cómo la máscara de la Sra. Vance, la que había construido con tanto esfuerzo para las juntas de accionistas y las galas benéficas, descendía sobre su rostro como un escudo de titanio. No era la máscara de la esposa enamorada, sino la de la socia estratégica. La que sabía jugar el
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