El invierno cedió su lugar a la primavera, marcando el renacer de la naturaleza. Al cumplir el noveno mes de gestación, durante una mañana de clima sumamente agradable, Cristina dio a luz a una niña.Aquella alborada estaba impregnada de la vibrante esencia primaveral, destilando un aire de vitalidad y nuevos comienzos. Lejos del agobio del calor veraniego o la crudeza invernal, la pequeña eligió hacer su entrada al mundo en la época de mayor esplendor y calidez del año.—A ver, Esperanza Morelli, yo soy tu mamá. Y ni creas que por verme arrugada y poco agraciada vas a poder aprovecharte de mí. Que te quede muy claro, cuando tú naciste, ¡estabas todavía más arrugada que yo!Ese fue el reclamo que la joven madre, un mes después del parto, le murmuraba con tono quejumbroso al inconsolable bebé que sostenía en brazos. Sin embargo, la pequeña no pareció dispuesta a tolerar sermones y rompió a llorar con una fuerza ensordecedora.Alertada por el llanto, Livia acudió a la habitación, tomó a
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