Bajo la mirada inquisitiva de Paolo y Cristina, la chica empezó a perder la calma. Se frotaba las manos de un lado a otro. Ese detalle reveló otra falla ante los ojos de Paolo.Cuando Cristina estaba nerviosa, también se frotaba las manos, pero no así. La verdadera Cristi apretaba los dedos con fuerza, sin dejar que sobresaliera ninguna uña. Esta chica, en cambio, tenía el pulgar extendido y se acariciaba el dorso de la mano de arriba abajo...Quizás no era un error garrafal, pero a Paolo, observador como pocos, le encantaba desenmascarar a la gente. Además, era el momento perfecto para presumir sus conocimientos de psicología criminal.Tras un análisis racional, Paolo tenía claro que la chica con la que había pasado la noche en Corea era la verdadera Cristi.Vamos, si un hombre no reconoce a la mujer con la que se ha acostado, ¿qué clase de hombre es?El problema era que Cristina ya había decidido que él tenía el corazón hecho un nudo y sentimientos por todas partes. Para ella, sus e
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