En el instante en que Paolo levantó la mirada y se topó con el brillo húmedo en los ojos de Cristina, se sintió aún más confundido. Se pasó la mano por el cabello de forma desordenada y, mirándola con pesar, habló.
—¿A qué hora llegaste?
Cristina le lanzó una mirada rápida.
—Todavía no me respondes.
—Cristi... en realidad... ni yo mismo lo sé.
—Si no sabes, ¿por qué la estabas abrazando?
Cristina abrió los ojos con sorpresa, arqueando una ceja y clavándole una mirada fulminante.
Paolo se quedó pasmado un momento. De pronto, sonrió. Su pequeña niña había cambiado de verdad.
Tres años pueden transformar el carácter de cualquiera. Aquella chica dócil, ahora suave como el agua, se había vuelto mucho más elocuente y respondona. Paolo ya había probado esa nueva faceta en Corea, pero no le parecía un cambio brusco.
Al contrario, lo que le resultaba inquietante era la chica que tenía enfrente, idéntica a la Cristi de antes de la cirugía.
Aunque Paolo no se había recuperado del todo tras la ex