Bajo la mirada inquisitiva de Paolo y Cristina, la chica empezó a perder la calma. Se frotaba las manos de un lado a otro. Ese detalle reveló otra falla ante los ojos de Paolo.
Cuando Cristina estaba nerviosa, también se frotaba las manos, pero no así. La verdadera Cristi apretaba los dedos con fuerza, sin dejar que sobresaliera ninguna uña. Esta chica, en cambio, tenía el pulgar extendido y se acariciaba el dorso de la mano de arriba abajo...
Quizás no era un error garrafal, pero a Paolo, obse