307. EL INTERROGATORIO A LOS PRISIONEROS
MINETTI: No le contesto a Lilian de inmediato. En su lugar, por alguna razón, viene a mi mente lo sucedido unas horas antes, cuando llegamos de Francia con los prisioneros. Los mandé ubicar a todos en mi sótano, mi salón de interrogatorios. Al entrar, después de visitarla a ella en mi habitación y al comprobar que estaba dormida, me dirigí al lugar. Al entrar, miré a los hombres atados con cadenas por sus manos, colgando del techo; están todos golpeados. Sin embargo, ninguno dice nada. Al parecer, o no saben, o no quieren soltar prenda. —Jefe —se acerca Humberto, lleno de sangre—, creo que ninguno de ellos sabe nada. El ayudante del segundo es quien dijo algo. Dice que hay un pez más gordo detrás de todo. —Eso ya lo suponía —contesté, arreglando las mangas de mi camisa—. El padre de Demon no era tan inte
Leer más