169. REUNIONES EN EL SIMPOSIO
Luego de conversar un rato con Rufo y dejar que Migue hablara un rato a solas con él, regresamos a la casa y nos acostamos. Por alguna razón, no puedo dormir bien; en mi cabeza retumba él para siempre. —Ale, Ale —lo llamo—. ¿Qué quisiste decir con para siempre? —Duerme, linda, mañana tenemos mucho trabajo —es su respuesta y se gira para estar de frente—. Ven, deja que te abrace, todo va a estar bien ahora, Lili, nadie podrá robarte de mí. —¿Qué quieres decir? —pregunto preocupada. Todo este misterio del tatuaje y de su posesividad, diciendo a cada rato que soy suya, me tiene nerviosa. —Eso, que eres mía para siempre —contesta con los ojos cerrados, estrechándome fuerte. —¿Para siempre? ¿Es broma, verdad? —trato de escapar, pero no puedo—. Deja de jugar con eso, tenemos un contrato por tres años. ¿Qué figura tienes en la espalda? —Un dragón, y tú también —contesta adormilado. No lo puedo creer, salgo de sus brazos sin poder aceptar lo que me ha dicho. Intento levan
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