Dorian siempre había sabido encontrarla.No importaba cuán cansado estuviera, cuán revuelta estuviera la manada, cuántas decisiones pesaran sobre sus hombros: Amelia había sido, durante años, el lugar donde todo se ordenaba. Su voz. Su risa suave. La manera en que lo miraba como si él no tuviera que demostrar nada.Con ella, Dorian no era el Beta.No era el contrapeso político.No era el que mediaba, el que sostenía, el que cedía.Era solo Dorian.Por eso, cuando la evaluación terminó y la gente comenzó a dispersarse, su primer impulso fue buscarla.No con urgencia.No con miedo.Con la costumbre tranquila de quien siempre sabe dónde volver.La vio desde lejos, caminando con paso firme, hablando con uno de los guerreros jóvenes. Amelia sonreía, pero no de esa forma íntima que reservaba para él. Era una sonrisa abierta, segura, colocada en el mundo.Dorian se detuvo.Algo en su pecho se tensó.No era celos.No todavía.Era una sensación extraña, como llegar a casa y notar que los muebl
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