La puerta blindada brillaba bajo las luces de emergencia con un resplandor que no correspondía a su supuesta antigüedad. Mei extendió la mano con cautela, sus dedos rozando la superficie metálica. Estaba fría, sí, pero no con el frío muerto de décadas de abandono. Era el frío funcional de un sistema de refrigeración activo.—Esto no tiene sentido —murmuró Tamara a su espalda, su voz apenas un susurro en la quietud opresiva del búnker—. Según los planos, aquí no debería haber nada más que almacenes de suministros.Gabriel se acercó, su linterna barriendo los bordes de la puerta. El haz de luz reveló un panel de acceso digital, su pantalla emitiendo un suave resplandor azulado que parecía obsceno en aquel lugar de muerte y secretos.—Los planos mienten —dijo él, su tono plano pero cargado de una ten
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