El pasillo se extendía ante ellos como una garganta de metal oxidado, iluminado apenas por las luces de emergencia que parpadeaban con un ritmo irregular. Mei avanzaba en punto, su rifle apuntando hacia las sombras que danzaban en los rincones, cada músculo de su cuerpo tenso como una cuerda a punto de romperse. Detrás de ella, Tamara cubría el flanco izquierdo mientras Gabriel mantenía la retaguardia, sus movimientos sincronizados con la precisión de quienes habían enfrentado la muerte demasiadas veces.Tres disparos, pensó Mei, analizando el patrón. Tres oportunidades de matarnos y ninguna aprovechada. Quien sea que esté ahí dentro, quiere algo más que nuestra muerte.El complejo respiraba a su alrededor. No era una metáfora poética; literalmente podía escuchar el sistema de ventilación antiguo luchando por mantener circulando el aire viciado, los conductos crujiendo con cada ciclo. Había algo profundamente perturbador en la idea de que esta instalación, abandonada d
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