Stephano no la soltó ni un segundo.Todavía con Adhara envuelta alrededor de su cuerpo, la levantó con facilidad y la llevó por el pasillo de la casa que él mismo había construido pensando en ella. Sus labios no dejaban de besarla, su cuello, su hombro, la curva de su mandíbula. Cada beso era lento, como si temiera que ella desapareciera.—Ven conmigo —murmuró contra su piel—. Déjame cuidarte.La llevó al baño principal, un espacio amplio y cálido. Abrió el agua caliente y la metió bajo el chorro sin soltarla, todavía dentro de ella. El agua cayó sobre ellos como una lluvia tibia, lavando el aroma de su unión.Adhara suspiró, apoyando la frente contra su pecho. El agua resbalaba por sus cuerpos pero Stephano no se movía. Solo la sostenía, sus manos grandes recorriendo su espalda con caricias lentas y adoradoras.—Eres tan hermosa... —susurró besando su sien, su mejilla, la comisura de sus labios—. No puedo creer que te tenga al fin.Sus manos bajaron por su cintura cuando la dejó c
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