Ethan acompañó a Naomi hasta la entrada de su edificio y se detuvo frente a la puerta.Metió las manos en los bolsillos y se giró hacia ella, que también se había detenido.Después del beso que habían compartido en el trabajo, la había llevado a cenar a su restaurante favorito. Con el tiempo que llevaban conociéndose, había aprendido muchas cosas sobre ella: los lugares que le gustaban, cuánto odiaba los champiñones o lo mucho que amaba la limonada. A pesar de la tensión latente, había disfrutado la cena. Habían conversado, bromeado, reído… Con ella era tan sencillo relajarse y ser él mismo.—Buenas noches. Nos vemos el lunes. Ella lo miró, visiblemente confundida.—¿No vas a entrar?Ethan sostuvo su mirada unos segundos antes de responder.—Si lo hago, sabes lo que va a pasar.Naomi dio un paso hacia él, acortando la distancia hasta que sus cuerpos se rozaron.Ethan apretó la mandíbula. Estaba luchando contra el deseo, las ganas de reclamar sus labios. —Lo sé —susurró ella, desliz
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