La puerta del despacho de Ethan se abrió tras un par de toques, y él levantó la cabeza.
Naomi entró sin esperar respuesta y se dirigió directamente al sofá largo. Se dejó caer sobre él, cubriéndose los ojos con un brazo mientras soltaba un suspiro largo, casi dramático.
Él esbozó una leve sonrisa. No hizo ningún comentario; ya estaba más que acostumbrado a escenas como aquella. Naomi hacía lo mismo cada vez que el trabajo la sobrepasaba.
En los últimos dos meses, se había vuelto una rutina. Una