Mi padre, el hombre que una vez fue el dueño de mi destino, parecía ahora pequeño frente a la sombra de los Romanov. —Cada persona que comparta sangre con ese pedazo de hombre, morirá —continuó, con una frialdad que me erizó la piel—. No importa quién sea, no importa dónde se esconda. Necesito una lista. Necesito sus contactos. Porque cuando Aleksey esté en condiciones, los cazará y los matará a todos. No quedará ni el rastro de su apellido. Artem hizo una pausa, dejando que la sentencia de muerte flotara en el aire como una neblina tóxica. Luego, volvió el rostro hacia mí. Sus ojos eran analíticos, gélidos, buscando algo en mi mirada que confirmara sus sospechas. No sé qué fue lo que encontró en mis ojos, pero finalmente asintió. —En cuanto a ti... Se acercó aun más y, con una rapidez violenta, lo agarró por el cuello. Empezó a apretar lentamente, obligándolo a mirar hacia donde yo estaba. —Parece ser que, a pesar de todo, aún tienes el cariño de tu hija. Y esa será la única raz
Leer más