Mi padre, el hombre que una vez fue el dueño de mi destino, parecía ahora pequeño frente a la sombra de los Romanov.
—Cada persona que comparta sangre con ese pedazo de hombre, morirá —continuó, con una frialdad que me erizó la piel—. No importa quién sea, no importa dónde se esconda. Necesito una lista. Necesito sus contactos. Porque cuando Aleksey esté en condiciones, los cazará y los matará a todos. No quedará ni el rastro de su apellido.
Artem hizo una pausa, dejando que la sentencia de m