A la mañana siguiente, en cuanto Silvina abrió los ojos, notó que su madre ya no estaba a su lado.—¿Tan temprano? ¿Dónde habrá ido mamá? —se preguntó, aún medio dormida.En ese momento, la puerta se abrió y Alicia entró desde afuera.Silvina dirigió la mirada hacia ella y, al verla vestida con esmero, no pudo evitar sonreír con admiración.—¡Mamá, estás preciosa! —exclamó sinceramente.A pesar de tener más de cuarenta años, Alicia mantenía una figura esbelta y elegante. El vestido entallado en tonos negro y rojo realzaba su porte natural.Alicia se sonrojó levemente, pero en el fondo se sintió feliz al escuchar el cumplido de su hija.Después de desayunar juntas, Tomás las llevó al hospital para el control prenatal. Iban los tres con buen ánimo, charlando y riendo durante el trayecto.Cuando llegaron al área de ginecología, notaron que había mucha gente esperando.Tomás se adelantó a sacar el turno y, algo avergonzado, regresó diciendo:—Señora Silvina, mil disculpas. Como vinimos co
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