—¿Por qué no mejor venir a vivir a la clínica? — me burlo, pero me da una mirada. Frunzo el ceño —. Ares, no creo que... — me interrumpe.—No quiero oírlo. Se hará de esa forma y ya está. Si luego de un tiempo, el feto sigue dañando tú cuerpo, haré que te lo saquen — dictamina. Jadeo, sorprendida —. Puedes tener muchos hijos más cuando tu cuerpo esté preparado, Artemisa, pero yo solo te tengo a ti y no voy a dejarte morir por él — señala mi vientre, haciendo contraer mi corazón de manera dolorosa al escuchar la frialdad con la que suelta aquellas palabras.—¿Qué me lo... saquen? ¿Qué mierda estás diciendo, Ares? — escupo, dedicándole una mirada horrorizada que el maldito ignora al alejarse de la camilla unos pasos.Las lágrimas se agrupan en mis ojos al no ver arrepentimiento en la mirada de Ares, y un nudo se atora en mi garganta junto con miles de improperios que quiero soltarle, pero que me veo en la obligación de tragarme al escuchar un estruendo fuera de la habitación.Los tres g
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