Catalina StuartDirijo mi mirada hacia la distancia con los nervios crispándome la piel. Las tazas sobre la mesa de la terraza tintinean con el leve temblor de mis manos. Como madre debo dar la cara. Aunque, según Eliza, debería ser Denn quien lo hiciera… y también mi marido, Demian. Pero no. Esta vez no me esconderé detrás de ninguno de los dos.Ella no es solo la madre de Mariana. Es mi amiga. Y le debo algo más que silencio.—Catalina… —se detiene frente a la mesa Alicia, sin tomar asiento todavía—. No esperaba que me buscaras. Pensé que mi marido había dejado todo claro a Demian.Su voz es firme, pero sus ojos… sus ojos están heridos.—Alicia, siéntate, por favor —le pido, señalando la silla frente a mí—. Necesito que hablemos. Sé que mi marido no manejó las cosas bien. Sé que todo fue abrupto, frío… incluso cruel. Pero aún somos amigas.Ella suelta una risa seca.—¿Amigas?La palabra suena como una acusación.Levanta una ceja, cruzándose de brazos.—Sí… amigas, Alicia —insisto, a
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