Denn Stuart
—Padre… —mi voz suena cansada, rota—. No la encuentro. He ido a todos lados.
Trago saliva. Dejando atrás mi orgullo.
—Ayúdame. Por favor.
—Siéntate —me dice en su mirada noto algo diferente.
No obedezco de inmediato. Me mira, como cuando era niño y sé que algo estaba a punto de cambiar para siempre.
—¿La viste? —pregunto—. ¿Sabes algo de Mariana?
Cierra los ojos un segundo. Solo uno. Cuando los abre, ya no hay marcha atrás.
—Sí —responde—. Sé dónde está.
El silencio cae como un d