Mariana Carbajal
Fabio guarda silencio unos segundos. Luego respira hondo, como si se estuviera armando de valor.
—Mariana… yo no soy ingenuo.
Levanto la vista.
—¿A qué te refieres?
—A que cuando dices su nombre tu voz cambia. Cuando lo mencionas, tus ojos… —traga saliva— se llenan de algo que nunca he visto cuando me miras a mí.
Sus palabras no son acusación. Son verdad. Y honestamente me duele lastimarlo.
—Fabio…
—Sé que todavía lo amas.
El aire se me queda atrapado en el pecho.
—Yo… estoy in