Denn Stuart
El auto se detiene frente a la residencia Montes con un chirrido seco. Bajo sin pensarlo dos veces estoy decidido a recuperarla.
Toco el timbre. Una vez. Dos.
La puerta se abre y aparece Fabiola Montes, erguida, contenida. La madre de Fabio.
—Buenas noches —digo, sin rodeos—. Vengo por Mariana.
Fabiola me observa con calma estudiada.
—Mariana no está disponible —responde—. Ha pasado por suficiente.
—No me iré sin verla.
—Eso no depende de usted.
Aprieta la mandíbul