Carolina fue la primera en hablar: —Valeria, ya que viniste... la verdad es que actuaste por impulso. Las mujeres no deben ser tan rencorosas. Por suerte, Ricardo no resultó gravemente herido, aunque sigue enfadado. Si te disculpas, todo quedará en el pasado y seguiremos siendo amigos.Felipa, amiga de Carolina, no tardó en apoyarla: —Exacto. Por una simple palabra, llegar a hacerle eso a alguien por la espalda... ¿Eso qué clase de amistad es?Sebastián observaba a Valeria con mirada serena, como si también esperara sus disculpas.Sin embargo, tras dos o tres minutos de silencio absoluto, ninguna palabra de disculpa salió de la boca de Valeria.Un zumbido rompió el silencio.Era el Señor Navarro. Valeria respondió: —¿Diga?—¡Señorita Herrera, ya estamos a la entrada del hospital! ¡La esperamos aquí! —la voz del Señor Navarro era extremadamente cortés y solícita.Valeria esbozó una leve sonrisa. —Ya estoy en la habitación.—¡Bien! ¡Subimos ahora!Al ver que, tras colgar, Valeria se
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