Ambos llegaron al apartamento de Jasiri en silencio, inmersos en sus propios pensamientos. Apenas cruzaron la puerta, Seo-jun, siempre consciente de sus responsabilidades, comenzó a hablar de la gira: los preparativos, la organización de las fechas en la agenda y un sinfín de detalles logísticos. Sin embargo, apenas empezó a enumerar las prioridades, notó cómo Jasiri le lanzaba una mirada intensa, una de esas miradas que no necesitan palabras para comunicar lo que se piensa.“Por favor, no hablemos de trabajo”, decían sus ojos, cansados, pero aún brillantes. Seo-jun captó el mensaje de inmediato y guardó silencio, permitiéndose, por primera vez en mucho tiempo, dejar que el momento sólo existiera.—¿Te apetece algo de beber? —preguntó ella, intentando aliviar la tensión del ambiente.—Una gaseosa estaría bien —respondió Seo-jun con una sonrisa.Jasiri asintió y se dirigió a la vitrina donde guardaba su selección de vinos. Observó las botellas por un instante, dejando que sus dedos roza
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