Era un día más en el mundo de Jasiri, pero para ella todo tenía una extraña sensación de suspenso. El ensayo estaba en marcha y, aunque su cuerpo ejecutaba cada movimiento con precisión y fuerza, su mente divagaba una y otra vez hacia el encuentro que tendría esa noche con Adam. Sin embargo, debía mantenerse enfocada.—¡Cinco, seis, siete, ocho! —gritó Yanim, la coreógrafa, con su característico tono autoritario y enérgico.Jasiri respiró hondo y volvió a concentrarse, avanzando al ritmo de la música. Cada paso fluyó con naturalidad: un giro de cadera sincronizado a la perfección con los beats, los brazos extendidos en un movimiento que evocaba control y libertad al mismo tiempo. Era una coreografía exigente, de esas que requieren absoluta entrega física y mental, una fusión de sensualidad y poder. Los movimientos se deslizaban por su cuerpo con fluidez, pero las repeticiones comenzaban a pesar en los músculos.Brie, quien bailaba a su lado, la imitaba con una sonrisa cómplice.—¡Vamo
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