Cuando nombras a tu hija por el fantasma del pasado, no lo haces para atormentar, sino para honrar—y finalmente, para liberar.La sala de partos había quedado en silencio después del caos. Mariana sostenía contra su pecho a la criatura más pequeña que hubiera imaginado tener en brazos, y sin embargo, la más luchadora. Dos kilos ochocientos gramos de determinación envuelta en una manta rosa pálido. Más grande que Layla había sido, recordó con una punzada de alivio mezclado con el recuerdo de aquellos días terribles en la unidad de cuidados intensivos neonatales.—Hola, pequeña luchadora —susurró Mariana, estudiando las facciones diminutas de su hija recién nacida. El cabello oscuro, casi negro, era inconfundiblemente de Khaled. Los ojos permanecían cerrados, los párpados delicados como pétalos—. Ya causaste drama antes de
Leer más