Las mejores historias no terminan con "felices para siempre", sino con "continuamos eligiéndonos, cada día, a pesar de todo".El vehículo blindado atravesó las puertas de la prisión de mujeres de Zahiria con un chirrido metálico que hizo eco contra los muros de concreto. Mariana observó las torres de vigilancia, las alambradas que brillaban bajo el sol implacable del mediodía, y sintió un nudo familiar formándose en su garganta. No era miedo exactamente. Era algo más complejo, más visceral. Era el peso de saber que estaba a punto de cerrar un capítulo que había permanecido abierto demasiado tiempo.—No entres conmigo —dijo sin apartar la vista de la estructura gris que se alzaba ante ellos.Khaled, sentado a su lado en el asiento trasero, giró la cabeza hacia ella con esa expresión que Mariana había aprendido a leer después de
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