La detención de Alessandra había provocado un murmullo inmenso por el salón —susurros urgentes, miradas shockeadas, invitados aglomerándose en pequeños grupos para comentar el drama que acababa de desarrollarse ante sus ojos. Pero la verdad es que, después del shock inicial, Nate y yo no queríamos saber más de Alessandra o de cualquier cosa relacionada con sus esquemas maliciosos. Esa mujer ya había robado demasiada energía de nuestras vidas.Por el contrario, decidimos transformar el resto de la noche en una verdadera celebración. Bailamos hasta que nos dolieron los pies, celebramos, nos divertimos de una forma que no hacíamos desde hace meses. La sensación de libertad era casi palpable —como si un peso enorme hubiera sido retirado de nuestros hombros, permitiéndonos finalmente respirar sin la constante preocupación de cuándo Alessandra atacaría nuevamente.Nuestra familia y amigos se unieron a la celebración espontánea. Zoey y Christian parecían años más jóvenes, riendo y bailando
Leer más