Después de todos los eventos dramáticos de las últimas semanas —la detención de Alessandra, el intento de envenenamiento, el susto con Ginger— finalmente llegó el día que habíamos esperado hace meses: la transferencia del embrión. Era extraño cómo la vida lograba mezclar momentos de terror absoluto con esperanzas tan puras y luminosas.
La clínica de fertilidad nunca me pareció tan acogedora como aquella mañana de martes. Nate estaba a mi lado en la sala de espera, sosteniendo mi mano con esa pr