Buenos Aires en mayo era exactamente como lo recordaba: el otoño porteño aún mantenía días cálidos, pero con una brisa más suave que hacía los paseos mucho más agradables. El cielo azul infinito y esa energía vibrante que solo la ciudad conseguía tener continuaban intactos. Zoey y yo habíamos llegado la noche anterior, y nos despertamos temprano para resolver la cuestión más importante del viaje: la prueba final de mi vestido de novia.
La tienda era el mismo lugar donde Zoey había trabajado por