Buenos Aires en mayo era exactamente como lo recordaba: el otoño porteño aún mantenía días cálidos, pero con una brisa más suave que hacía los paseos mucho más agradables. El cielo azul infinito y esa energía vibrante que solo la ciudad conseguía tener continuaban intactos. Zoey y yo habíamos llegado la noche anterior, y nos despertamos temprano para resolver la cuestión más importante del viaje: la prueba final de mi vestido de novia.
La tienda era el mismo lugar donde Zoey había trabajado por años antes de conocer a Christian. Vitrinas impecables, maniquíes posicionados como obras de arte, y ese aire de sofisticación que siempre caracterizó el establecimiento.
—¿Lista para ver cómo te tratan ahora? —pregunté a Zoey, curiosa por presenciar la diferencia.
—Va a ser interesante —ella respondió con una sonrisa traviesa.
Apenas pisamos la tienda y la transformación fue inmediata. Las mismas empleadas que antes veían a Zoey como colega de trabajo ahora prácticamente se inclinaban ante