El reflejo en el espejo me mostraba a una mujer que aparentaba estar lista para uno de los eventos sociales más importantes del año, pero que por dentro sentía el estómago revuelto de nerviosismo. El vestido verde esmeralda que había elegido para la ocasión caía perfectamente sobre mi cuerpo, la seda italiana abrazando cada curva de forma elegante, pero aun así continuaba arreglando pliegues imaginarios y alisando la tela con gestos ansiosos.
Era la noche del gran evento benéfico de Bellucci en